
Ha pasado tiempo desde los gladiadores marcharon de Argent Tournament, perfeccionaron su estilo de batalla, fortificaron ideales y se prepararon para instalarse a las puertas de Icecrown Citadel.
Rise ha decido dejar en el pasado su entrenamiento e involucrarse de lleno al gran desafío. Entramos en el castillo del rey, el aire gélido confundía nuestras ilusiones y el peligro se hizo latente en todo momento…no sabíamos hacia dónde dirigirnos y un extraño debuff nos congelaba hasta los huesos. Nos encontramos con las sucias ratas de la alianza vagabundeando por los rincones de la fortaleza, así como también logramos dar los gloriosos estandartes de nuestra querida Horda que nos guiaron advirtiéndonos que lo peor estaba por llegar…
Prometimos que los esfuerzos de Sylvanas Windrunner no serían en vano. Al avanzar la plaga se hizo presente una vez más, trampas escondidas que nuestro rogues con dificultad lograban desactivar, esqueletos se levantaban desde el suelo, estatuas gigantes cobraban vida, las arañas y los hechiceros impedían nuestro andar. Los incansables gritos que se escuchaban desde el final del camino cada vez se hacían más claros e intensos. Dentro de la oscuridad se asomaba difusamente un demonio de cuatro cabezas, el guardián de Citadel…Lord Marrowgar suspendido en el aire quería impedir a toda costa que ascendiéramos. Necesitábamos una coordinación superior en los Tanks, innovar en la estrategia. Nuestros soldados quedaban atrapados en espinas de hielo, muchos murieron, pero los sobrevivientes pudieron contra las amenazas del cancerbero, el valor y la suerte eran nuestros amigos…
Estábamos en el segundo piso escondidos presenciando la adoración religiosa de un culto misterioso, paganos que a ciegas le rendían honores a una especia de Reina. Por el parecido, pensábamos que Kel’thuzad habría regresado pero nos equivocamos rotundamente; ya que estábamos en presencia de Lady Deathwhisper. Era menester armaste de coraje, irrumpimos en la habitación y destruimos a sus fieles seguidores y a sus dos escoltas en forma de insecto. Al momento de llegar antes sus pies y al darse cuenta que sola se encontraba, no le quedó otra que protegerse con un escudo de magia. El cuerpo de inteligencia de la Guild dedujo en tan solo segundos que habría que enfrentar a la magia….con más magia, es por ello que los rangos tomaron posición y comenzaron a quebrantar sus cobardía. No bastándole ello, la extraña hechizara seguían invocando a sus protegidos que fueron poco efectivos por lo demás, su escudo no aguanto más y empezamos a destruirla poco a poco. En un grito desesperado controlaba la mentes de nuestros compañeros argentinos, pero ya era tarde…la suerte…estaba tirada…
Posterior a la batalla anterior, luego de tomar el elevador llegamos hacia las afueras de Citadel, una fuerte ventisca no retraso la campaña, no podíamos continuar. Construimos un pequeño campamento hasta esperar el amanecer…que nunca llegó. Fue un momento de relajo compartimos y celebrábamos lo que hasta la fecha no era menor, el jabalí no estaba tan fresco pero la hidromiel perfectamente fermentada. Las elfas hacían lo suyo. Llegó la hora de continuar, levantar campamento. Una vez más nos cruzábamos con las tropas enviadas desde Warsong Offensive, quienes enajenados exigían respuestas… – Muradin Bronzebeard ha vuelto a hacer de las suyas, la codicia de la alianza ha revelado sus verdaderas intenciones y nos han obligado a romper el pacto…los humanos no volverán a ver la luz - …Sabíamos que este momento llegaría tarde o temprano, Gunship Battle ha comenzado. Ellos poseen mejor tecnología y armamento, su nave es dos veces más imponente que la nuestra pero les falta a lo que nosotros nos sobra…la fuerza. Los valientes Elfas no alentaban con su magia indescifrable, Trolles cazadores saqueaban su arsenal de municiones, Taunkas perecieron en el abordaje rival…un orgullo batallar junto a los Forsaken. Combatimos fehacientemente, los cañoneros dispuestos a destruir todo a su paso, hicimos frente y conquistamos la gloria. Stormwind completo avergonzado de la incompetencia de sus tropas cayó bajo el dominio de los hijos de Durotar, que ante Thrall juramos lealtad.
Sabíamos que no podíamos descansar y en vísperas del anochecer atentos escuchábamos el discurso de High Overlord Saurfang, nada más ni nada menos que el encargado de la horda en Icecrown. Nos informaba en detalle lo que estaba sucediendo y contra las fuerzas oscuras a las que nos enfrentábamos, exigió más compromiso e invitó libremente a los cobardes a marchar para sus hogares. De forma inesperada se abrieron las puertas hacia la segunda sala de Citadel…caminando hacia donde estábamos nosotros se manifiesta la figura del hijo del General, Deathbringer Saurfang. En un encuentro de sentimientos, de preguntas y respuestas, insultos y desprecios, deshonra y olvido…nuestro líder completamente cegado por la eventual traición, nos ordenó matar sin misericordia a quien había engendrado; a su propia sangre. Una fuerte batalla aconteció en el seno de la fortaleza. Su poder era incontrolable, Arthas se encargo de otorgarles grandes poderes a cambio de su alma. Los tanks no aguantaban por si solos, el mana era escaso, shamanes socorrían con sus tótems y los healers hacían lo imposible por curar las maldiciones del traidor. Bestias sangrientas corrían por la sala infectando todo lo tocaban, pero gracias al ímpetu de nuestras acciones y el temple de los líderes fuimos capaces de aniquilar al enemigos, nos ganamos la entrada hacia Citadel una vez más. Era el momento para regenerar nuestros ánimos por lo que tuvimos que construir en las afueras el segundo y último campamento…sabíamos que al entrar teníamos fuertes posibilidades de perecer y nunca volver…

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